No pensaba escribir más, pero me he visto con ganas y he dicho...¿por qué no?

Zatec corría de nuevo hacía las posiciones orkas. Llevaba corriendo hacia las posiciones orkas 10 largos meses, lo que estaba durando campaña contra los alienígenas en aquel planeta alejado de la mano del Emperador.
Su primera misión había sido una extraña mezcla de éxito y fracaso. Nadie dudaba que el Sargento Explorador Itza consiguiera obtener la señal de imagen que necesitaban del enemigo, pero al Capitán no le hizo gracia saber como se había logrado. Aun así, tenía que admitir que en el fondo disfrutaba con el carácter audaz de la gente de su pueblo. Todos sabían que Auhtli y su Quinta Compañía estaba levantando más de un dolor de cabeza al Señor del Capítulo demostrando que el carácter de los icarenses no se había visto atemperado por la semilla ni las enseñanzas de Guilliman.
Cuando Itza terminó de relatar el episodio, la respuesta del capitán fue corta.
- Dale unas bombas de fusión al chico y que siga corriendo.- dijo con una sonrisa cruzando su deformado rostro.
Y así es como había pasado a arrastrarse entre vehículos y otras máquinas con las que los orkos se desplazaban, volando todo aquello que su Sargento le ordenaba.
Eso si había cambiado. Desde el desastroso episodio con el comando, Zatec no había vuelto a desobedecer una orden de su superior. Era un miembro más de la escuadra, ya tendría tiempo de ser un héroe.
Fijó la bomba magnética y el contador comenzó a correr hacía atrás. Comprobó que estaba coordinado con su indicador de muñeca antes de volver por donde había venido. Había elegido un gran buggy con un lanzallamas humeante cargado de tanques de prothenium. Provocaría una gran explosión, que probablemente se llevaría por delante los demás vehículos que estaban a su alrededor.
Era casi imposible encontrar vehículos orkos en estado de reposo, pero aquel era el taller de uno de los mecánicos de la horda y estaban a la espera de que algunos lokos de la velocidad vinieran a reclamarlos. Tal era la naturaleza de los pielesverdes...construían sin ningún tipo de planificación, y nunca paraban, incluso cuando sus creaciones no eran requeridas por sus semejantes, estos dementes de la construcción jamás detenían sus parodias de forjas.
En cuanto se hubo alejado lo suficiente, la explosión, blanca como una estrella, voló de la faz del planeta el taller y parte del barranco que lo albergaba, que se derrumbo sobre los restos llameantes de los vehículos .“Vaya, debían estar llenos de combustible”, pensó mientras admiraba el espectáculo. El ruido envolvió todo y los orkos comenzaron a agitarse como un hormiguero atacado con un palo, sin saber hacía donde dirigir su rabia, comenzaron a golpearse entre ellos y la violencia recorrió el valle.
- Esa ha sido muy buena, explorador Zatec.- dijo la voz de Itza a sus espaldas.
- Gracias sargento.- contestó con una sonrisa salvaje en los labios.- ¿Cual es nuestro siguiente objetivo?
- Calma, muchacho. Tus hermanos están terminando su trabajo...- otras partes del asentamiento empezaron a explotar para acompañar al humo de Zatec. Pronto, cuatro exploradores cubiertos de polvo y ceniza se unieron a ellos.
- Siempre el primero, Zatec.- gruñó con rivalidad Kozthal. No había reproche hacía su hermano, solo la decepción de no haber ganado una competición en la que solo jugaban ellos.
- Siempre, Thal. Deberías rendirte y dejarme para mí toda la gloria.- le palmeó el hombro y recibió un puñetazo en el estómago.- ¡Eso es traición!- dijo con un falso tono de indignación.- ¡Pegando a un hermano! ¡Ven a que te purge, maldito!.-
- ¡Cuidado con esas tonterías, exploradores! Hay cosas en el Universo con las que no se bromean.- Los dos jóvenes ya se encontraban rodando por el suelo riendo y golpeándose amistosamente, jaleados por sus compañeros. Mientras, la fuerza principal de los Águilas Rojas entraba en el enésimo asentamiento orko que se encargaban de ablandar para la total destrucción de los orkos allí apostados, con el humo de las explosiones tiñéndolo todo de cenizas. Incluso desde allí era visible para sus ojos de Astartes el Capitán Auhtli dirigiendo la carga. Sonreía feroz mientras mataba orkos con su espada de energía, la misma expresión que se dibujaba en el rostro de Zatec mientras se lanzaba de nuevo sobre Kozthal. Itza no pudo sino reir. Quizás el muchacho no estaba tan perdido como parecía...